De nuevo comienzo con el poema que respondió a la ilustración anterior y termino con la ilustración con la que Nazaret cierra la conversación.
De nuevo millones de gracias a Nazaret y mis mejores deseos para uno de los más brillantes e indiscutibles talentos de Córdoba.
Jean-Louis se quejaba
-y con razón-
de que no encontraba ya
jóvenes con las manos en los bolsillos
vagando por las calles
atentos solo a sus pensamientos
sin pose ni artificio.
Noctívagos enfundados en abrigos
con la cabeza gacha y el rostro tranquilo.
Todo es, Jean-Louis, máscara y mole.
Los abrigos son escudos de armas
y las gorras se conectan a la imagen
de alguien más famoso, mejor asesorado.
Nadie se cala el sombrero
hasta cubrir lo especular del ojo.
No caben los puños en el gabán,
enfundados como están
en guantes de boxeo.
Todo trazo en el mapa
supone una danza estudiada
que divierta, asuste o amenace
-un aquí estoy yo impenitente-
al simétrico bailarín de la otra acera.
Cada uno con sus miserias,
electrón en el abrazo molecular,
deseoso de disminuir la entropía
y acunarse en el lecho del ser muchos.
Ya he conseguido bajar
tu batallón a tres.
Las bajas no son numerosas
y puede que no causen más estrago
que el animar al lobo hasta que caiga
en el cepo.
Sin embargo
dormiré dando dentelladas
o haré como que duermo
con la intención de disolver la charla
en la triste inflexión del caminante
que, tras el viaje y lo inútil
de mostrar las fotos
se decide a beber solo
hasta que el vino
lo torne en sadhu en lugar de aparecer
como un mero vagabundo
-uno de tantos-
ante tus ojos.
Imagen: Annymal - Muses







