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¿De dónde viene la arcilla?


Compañeros de generación, estoy
recibiendo a vuestros hijos cuando ya
han cortado los lazos con vosotros y
los habéis dejado hechos una mierda que
pretenden que yo arregle ahora.

Esa será la risotada cruel 
tras tantos años
de soportar vuestras burlas
y el cachondeito tal y como lo llamáis cuando os disfrazáis de graciosos.

Los habéis jodidos bien
llenando sus cabezas de salves y cadenas
y yo engendraré a mis hijos
en sus cabezas; 
los haré mejores. 
Os joderé el plan
que tejíais para destrozarnos
y hacerlos desgraciados.

Ropa de abrigo

Para lo que hemos quedado...

Para oler la carne de los propios costados,
resucitar espinas y acurrucarse
en el breve calor de lo antiguo y lo yermo.

Para que nos llamen cobardes
y albergar un profundo silencio encontrado
a eones de donde habitas.

Para encontrar el pico de la montaña
con forma del propio culo,
donde el aire es más limpio
pero más fino
y se necesita más esfuerzo
para quedarse y no volver
y no contar y no arruinar
al resto la dulce y terrible 
sorpresa.

Soporte

Haz una lista
de tus creadores favoritos,
de tus científicos preferidos,
de tus libreros más tenaces,
de tus médicos más incansables,
de tus maestros más apasionados,
de tus locutores más claros
y escríbeles diciendo
lo mucho que les quieres,
lo mucho que te alumbran la vía,
lo mucho que te dicen,
lo mucho que te curan
y lo mucho que te acompañan.

No dejes que se sientan
nunca solos
o que pierdan la esperanza
o las ganas
o la paciencia.

Los poderes no les van a dar
tregua alguna,
así que más nos vale
a los que los necesitamos
mandarles nuestro abrazo.

Pondremos los huevos arriba

No damos abasto.

Jueces, políticos, banqueros, policías y curas
son menos que nosotros
pero, aun así, no damos abasto
para arreglar el desaguisado.
No damos abasto
los maestros que enseñan a pensar,
los médicos que curan nuestras heridas,
los filósofos que siembran la lógica,
los científicos que apagan las supersticiones,
los psicólogos que disolvemos los miedos
y ponemos en paz al humano consigo mismo,
listo para la lucha,
listo para la desobediencia.

Los mineros entran en Madrid
y no salen en la tele.
Pues nada, a apagarla
y a seguir cambiando esto
con fuerzas redobladas.

No nos vais a vencer.
Resistiremos contra la corriente
porque no sabemos hacer otra cosa.

La resistencia del ganso

El casco cierra y ayuda el llevar unas esponjitas en las orejas para protegerte del ruido.
No es una pega, es su idiosincrasia. Encontrarte a ti mismo en medio del ruido y que este, también, se convierta en vehículo.
Aceptar el ruido. 
Aceptar el empuje transversal del aire. 
Aceptar el silencio en la boca.
Aceptar la temperatura cambiante en la chaqueta.
Aceptar los baches y los resaltos.
Aceptar el peso desplazándose por delgadas leyes físicas.
Aceptar que ahora hay carretera pero pronto habrá camino marrón.
Aceptar el deseo de camino marrón.
Aceptar que mi ganso tiene 20 años y mi veena es una Gibson.
Aceptar Córdoba-Varsovia o Córdoba-Ereván resistiéndose a salir del futuro y planteando su escalera al presente.
Aceptar la buena compañía y el sabio consejo.
Aceptar que aún no se es sabio y que eso no es más que la posibilidad de llegar a serlo.

Córdoba-Cádiz en una Transalp meditando por carreteras secundarias.

La práctica está. ¿Dónde estás tú ahora?

Leyendo en el parque un 12M

Coño, que no, que no quiero daos mi número de teléfono... me cago en Google, qué pesado... uy, perdón, que ya estoy en la entrada.



Pues se acaba de presentar, tras la manifestación, el libro Poetas del 15M en Córdoba.
De la mano de Julia Carú, un servidor y un par de compañeros más hemos leído algunos poemas ante un público joven y, sorprendentemente, resistente al primer impulso que surge cuando a alguien le dicen "va a empezar el recital", que es salir pitando (tened en cuenta que era un lugar abierto, así que podían escapar todos sin problema. Pero no lo han hecho).

Puesto que he leído dos poemas no publicados en el libro, aquí os los dejo.


Cuatro estudios sobre sobreesdrújulas.

Uno:
Estohaperdidofuelle
Estohaperdidofuelleyanoesloqueera
Estohaperdidofuelleyanoesloqueeraalfinaltodoeslomismo
Estohaperdidofuelleyanoesloqueeraalfinaltodoeslomismoparaquevamosahacernada

Dos:
Noseconsiguenada
Noseconsiguenadaesinútil
Noseconsiguenadaesinútilmejoraguantarse
Noseconsiguenadaesinutilmejoraguantarsequeyasearreglará

Tres:
Sonlosmismosdesiempre
Sonlosmismosdesiemprequenoconsiguennada
Sonlosmismosdesiemprequenoconsiguennadaestaráncomprados
Sonlosmismosdesiemprequenoconsiguennadaestaráncompradoschuparándelbote

Cuatro:
Alfinalnopasanada
Anfinalnopasanadaloresuelvenlosdearriba
Alfinalnopasanadaloresuelvenlosdearribaquesonlosqueloentienden
Alfinalnopasanadaloresuelvenlosdearribaquesonlosqueloentiendenynosotrosno

Nota del traductor:
-siendo intransigentes-
en español
prácticamente no existen
sobreesdrújulas
así que a ver si vamos
dejando de usarlas.


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Si alguna vez tengo una tienda
-y, al paso que voy, será lo más seguro-
voy a copiar a las demás
tanto los productos como la forma
de decorar la fachada.
El día de navidad pondré en la puerta un papá Noel.
Si alguna vez tengo una tienda
-y, como mi título universitario
resiste cualquier bocadillo que envuelvas con él
lo más seguro es que acabe montando una-
voy a situar figuritas
por donde entran los clientes.
En reyes pondré un rey mago y en semana santa un cristo.
Si alguna vez tengo una tienda
-y, puesto que no podré
ponerme enfermo, tendré que montar
un bazar chino-
voy a decorar la entrada
con modelos ajustados a la época del año.
En el día de la madre
pondré a tu puta madre
y en el día de la huelga
pondré antidisturbios.
Se lo he visto hacer al corte inglés
y parece que a ellos les funciona.




No se imagina lo cerca que ha estado

Qué pronto olvidamos
las lágrimas.

En cuanto se nos acartona la cara
y aún con el salitre
doblamos la mirada con desconfianza
ante el llanto del otro.

Es sospechoso, algo trama,
lo pasa mal el pobre
pero no soy yo
y lo tratan mal
y croquetas esta noche.

Mañana te tocará llorar a ti
y yo estaré
sembrando habas
para hidrogenar mi tierra.

Vamos, que te van a dar por el culo
al menos durante tres minutos,
los justos para que yo
vuelva a enjugarte
si es que no me he cansado ya
y te enseño el cóctel
de agua del ojo y plaquetas
manando del cráneo.





Reanimación en el recién nacido


No me gusta este lugar.

Los sabios de la tierra
someten a sus mujeres bajo el trueno de la voz
y se quejan del mercado que les cierra las puertas de entrada.

Los sabios de la ley
sufren amnesia y se golpean la cabeza
fuertemente, fascistísimamente,
para que el daño sea irreparable.

Los sabios de la juventud
gritan mucho
y sin ton ni son
cuando no es necesario
y, de ser necesario, callan y se sonrojan.

Los sabios de la curación
medican los forros de sus bolsillos
tejidos de escroto.


Los sabios del verso
se reúnen para ver Eurovisión
vestidos a rayas sobre sus monturas
de plástico negro
y se descojonan de Artaud, viejo loco de otro mundo.

Los sabios del sonido
montan puestos de churros
y venden la masa cruda
y sienta mal
la comas como la comas.

No me gusta esta tierra
y el mar me asusta, me marea y me huele a paloma.

Teamwork

No, no puedes. Creo que nadie puede.

No creo más que en las palabras dichas
de uno a uno.
El amor universal resulta que va a ser
un constructo destinado al papel
y no la carne que se abrasa sobre y bajo los huesos.
Al final el invierno se va a pasar
y me va a pillar la primavera
esperando la barca que tenía que venir
y aterido de frío
con cara de idiota
o con cara de triste
o con cara de idiota.

Y yo que pensaba estar sembrando
rodeado de otros
en los agujeros que he hoyado durante todo este tiempo...

Otra retirada, otro apagón.
Esto se está empezando a poner
pesado.


Variaciones genéticas de la mosca de la fruta (II)

Suda sangre,
¿será imbécil?
Y ni tan siquiera sabe
constreñir las arterias.

Variaciones genéticas de la mosca de la fruta

A quien le interese:
no vengas y, si puedes, vete.

Elige soltar, no agarrarte,
la belleza está en el salto del columpio
y no en agarrar el extremo contrario.

En el aire
en el aire libre
libre en el aire.

¿De qué materia están hechos
los algodones que rellenan
estos muñecos que viven
en las casas cercanas a la mía?

En mi ciudad te pudres si te mueves
y te pudres si te paras
y solo no te pudres
si haces de ese hedor tu colonia
y la compras.

Me he equivocado:
este invierno no solo no pasaré el río solo
sino que ni tan solo pasaré el río.

Mientras decido en qué orilla
vivo
-si en la que relleno
o en la que deseo,
porque soy
obcecado y enfermo de tristeza y cariño-
dejo las herramientas de hacer puentes
y te  mando a la mierda,
a ti y a tus ganas de cruzar.

¿Quieres?
Cómprate un puto barco
y a ver qué haces cuando te enfrentes
a la corriente.
Nunca habrás llegado
tan lejos.


Cesión a la pierna

Nadie ama al martillo.

Mientras abraces con fe, se te abrirán los visillos
pero no las puertas.

Nadie ama al martillo.
Fascina el centelleo de las chispas
que saltan del golpe contra la piedra
pero nadie ama al martillo.

Nadie, absolutamente nadie,
ama al martillo o, al menos,
no mientras se esté endureciendo poco a poco y no haya podido
demostrar su valía
-que se le de nombre
en estos días
es más importante que serlo-.

Hay una vieja galesa
-setenta años y salta al potro
atlética, ¿cómo si no?-
que me golpea con indiferencia y me sonríe
en las fotos
y me llama al zazen
ajusta mi montura
confía en mí
y me dice en silencio:
nadie nos ama, a los martillos,
pero no podemos ser otra cosa
que herramienta tosca, brutal, ciega
pero con los nervios a flor
en las piernas
y el centro de gravedad
cada vez más bajo
.

Y yo la creo
y me da un frío terrible saber
que me faltan cincuenta años o más
-o puede que nunca-
para recibir abrazo
de aquellos que hoy me recuerdan
que nadie ama al martillo.

Monju Goson

Espero a que llegue el frío
y lo preparo durante el otoño
esquivando las tristezas
propias y ajenas
para encararlo en zazen
con el torso descubierto,
las botas calzadas
y mi calva lamiendo el relente.

Que venga.

Este invierno
no pienso cruzar solo el río.

Este invierno
no pienso sólo cruzar el río.

Sennheiser hd 380 pro

Tengo un paciente que, como muchísimos hombres, solo sabe reaccionar con ira a las agresiones externas.
Si algo o alguien lo acorrala, rompe cosas e insulta.
Si no trabajo con él o, mejor, si no trabajamos juntos, seguramente llegará a agredir físicamente a sus seres queridos.
Ya lo ha hecho verbalmente.

Tengo un paciente que, como muchos de nosotros, tiene un interruptor con dos posiciones.
Nada de un dimmer suave y amable.
Alegría - Ira.
1000 vatios de potencia para reirse con otros colegas igual de asustados o para gritar, insultar y partir mobiliario.

Tengo un paciente binario, como muchos hombres que somos.
Cuando entra en la consulta me saluda con una sonrisa franca, abierta, llena de amor y miedo.
Cuando siente miedo
o dolor
o tristeza
responde con ira.
Solo conoce esa ira
-le tengo mucho aprecio-.

Si siente celos, monta en cólera.
Si se siente inferior, monta en cólera.
Si se topa con la duda, monta en cólera.
Si echa de menos, monta en cólera.
Contra los demás
y contra sí mismo.

Yo solo sé ponerme triste.

Si lo suyo no fuera más dañino que lo mío
-que no digo que lo mío no lo sea-
seguramente seríamos buenos amigos
en lugar de trabajar el problema
y seguramente acabaríamos
tocando blues juntos
con los cascos puestos.

Viento armenio


Desde mi ventana
-¡cuantísimos poemas comienzan
mirando desde una ventana
y cuantísimos de estos
no valen ni el dintel!-
las hojas de los árboles
siempre titilan con leve murmullo
pero nunca tan acompasadas
como cuando, dentro de la casa,
suena el duduk de Djivan Gasparyan
y se pone en marcha, lentamente,
el tren de vapor del edificio.

Ceci n'est pas une lune


Tengo que hacer una foto.

Si es bello, no hay que vivirlo, hay que congelarlo.
Hola, soy un artista de la taxidermia y
tengo que hacer una foto.

Para lanzarla en la botella al mar y que todo el mundo la vea.
Todo el mundo.
Si no es todo el mundo no vale.

Yo he estado allí.
Siglas talladas en cada árbol.

Tengo que hacer una foto.

Que no se me ocurra jamás
explicar cómo era el olor de las cosas
que he visto.

Tengo que hacer una foto.
Tengo que hacer una foto.

Congelar cada cara y cada ave
y decir qué bonito y que signifique
menos que mierda.

Tengo que hacer una foto.
Tengo que hacer una foto.

Que no se me ocurra jamás
escribir cómo sentí aquel momento
con una variedad de detalles
tan inmensa
que regale un billete de ida de un segundo.

Es mil veces más importante
el dedo que señala.
El sobrecogimiento de las Mil Islas
mide menos
que la roña bajo la uña que las apunta.

Tengo que hacer una foto.

¿Las has visto?
Mira, con esta tarjeta
puedo almacenar hasta docemil.

Como broma ya está bien

No, si alguien tiene que hablar de mí
seré yo.
El mundo acaba una pulgada más allá
de mi huella
y nadie sabe de mí,
me niego
a que se usen mis frases
para describirme.

Esta es mi casa
y no tienes derecho a sentirte
extraño en ella.
Fue una mala idea
y ahora quiero deshacerlo.
¡Yo lo he generado!
¡Yo lo elimino del torrente del tiempo!
Lo diseñé para ser flor de un día.
¡De un día! ¿Te enteras?

Soy un crío
pero me lo merezco
por haber sido vuestro padre
tantísimo tiempo.



Niño muerto


Ha podido.
Me dijo que todos iban a hacerlo y que oponerse era inútil.
A cada palabra que yo escribía me mostraba seiscientas imágenes.
Yo decía "ser santo o ser muerto" y él decía "te harás mayor y no podrás correr tan aprisa".
Y me reía. ¿Acaso no sé yo de sobra la resistencia de mis piernas?
Pero bajé la guardia y me crecieron otros brazos
que amé tanto como a los míos propios
e incluso más que a los míos.
¡Qué hijo de puta!
Ahí lo vio claro. "Yo no te podré atacar a tí,
que hueles a canela y almendra
mientras te pudres,
pero le sacaré la sangre a tus nuevos brazos
y ellos vendrán a mí y dirán que no está tan mal,
que se puede jugar de otra forma,
que tampoco hay que ponerse así".

Ahora "Dança da solidão" e "Imagine" cantada por A perfect circle.
Sí, claro, ahora. ¿Acaso esperabas otra cosa?


Noctámbulos (y III)

Esta es la tercera (y última) de las entradas relacionadas con el trabajo que Nazaret Castro y yo realizamos en Cosmopoética 2010 en el ciclo Noctámbulos.


De nuevo comienzo con el poema que respondió a la ilustración anterior y termino con la ilustración con la que Nazaret cierra la conversación.

De nuevo millones de gracias a Nazaret y mis mejores deseos para uno de los más brillantes e indiscutibles talentos de Córdoba.


Jean-Louis se quejaba
-y con razón-
de que no encontraba ya
jóvenes con las manos en los bolsillos
vagando por las calles
atentos solo a sus pensamientos
sin pose ni artificio.
Noctívagos enfundados en abrigos
con la cabeza gacha y el rostro tranquilo.

Todo es, Jean-Louis, máscara y mole.
Los abrigos son escudos de armas
y las gorras se conectan a la imagen
de alguien más famoso, mejor asesorado.
Nadie se cala el sombrero
hasta cubrir lo especular del ojo.
No caben los puños en el gabán,
enfundados como están
en guantes de boxeo.

Todo trazo en el mapa
supone una danza estudiada
que divierta, asuste o amenace
-un aquí estoy yo impenitente-
al simétrico bailarín de la otra acera.

Cada uno con sus miserias,
electrón en el abrazo molecular,
deseoso de disminuir la entropía
y acunarse en el lecho del ser muchos.

Ya he conseguido bajar
tu batallón a tres.
Las bajas no son numerosas
y puede que no causen más estrago
que el animar al lobo hasta que caiga
en el cepo.
Sin embargo
dormiré dando dentelladas
o haré como que duermo
con la intención de disolver la charla
en la triste inflexión del caminante
que, tras el viaje y lo inútil
de mostrar las fotos
se decide a beber solo
hasta que el vino
lo torne en sadhu en lugar de aparecer
como un mero vagabundo
-uno de tantos-
ante tus ojos.
 Imagen: Annymal - Muses

Noctámbulos (II)

Pensé no publicar más partes de nuestra participación en Noctámbulos si nadie comentaba el post anterior, pero como hay un leve interés (lo cual es más que suficiente para un ser egotista como un poeta), aquí va la segunda parte.


Ya sabes, este es el poema con el que respondí al anterior diseño y, a continuación, el diseño/respuesta al poema.


Fue en Tánger,
lo recuerdo,
donde la Epifanía
se hizo tierra.

En mi casa la presencia de otros
siempre me sentaba mal
y toda la gente era despreciada
y todas las personas eran amadas.

Pero en Tánger, antes de la luz verde
que transforma los rostros en neones,
era distinto:
el aire del desierto se quedaba atrás, relinchando,
y una brisa helada recogía mis brazos
alrededor de cada humano con distinta mochila.

Allí estaba solo con mis hermanos
y aquí estaba solo con Carl Solomon.

Y llegó la consabida Epifanía:
ya era capaz de detestar
al que me hiriese, ya fuera
rumor de asfalto o carne de bazar.

Estaba curado
-cantad el Aleluya-
de la doble moral de odiar la manada
y amar la manada en casa del vecino.

No logré unir mis nervios
a los nervios romos de los que viven
fuera de mi cuerpo, pero al menos
la decisión cobraba forma
y se movía sin timidez:
desprecio sin racismo,
miedo sin idea,
asco sin formato.

¿Con todo lo que costó
sacarme de la cama ajena
y meterme en la del faquir
pretendes, ahora, responder
diluyendo mi vino entre las caras
de quienes no conozco?

Ayer diría: todos son yo
y a todas las he amado como a ninguna.
Hoy se que es falso,
que no he encontrado hermano entre las cabras
ni he logrado ahondar cada útero
por más que lo he intentado.

Me has hecho Mevleví
a la puerta de disneylandia
cuando yo solo quise
compartir contigo el manto de lana
de un Rumi sin canción y sin giro extasiado.

No será así, pero no importa:
demuestra desprecio el pintor
que mezcla el color con la desidia
banalizando el regalo
del color mismo.

Guardaría ya silencio si no fuera
porque es en ti
en quien toma sentido el sonido.

 Imagen: Annymal - Graces