Deus ex machina

Un medio de fino del que me regala mi padre.
Buen tabaco en mi pipa (Savinelli) cortado por los Amish.
Vodka helado según la receta de Mendeleev.
Arroz con verduras del huerto de mi suegro con pimentón de la Vera. Bien reposado.
Un libro recién comprado de Jesús Ferrero o de Mário de Sá-Carneiro (ese olor a libro).
Una película de Lynch o de Sokúrov.
Una sonata para violoncello de Bach o un disco de Ben Frost escuchado por unos cascos Sennheiser.
Una tarde de vino y conversación con los amigos (bueno, desde pequeño, sobre todo, las amigas, ahora de todo un poco).
Un paseo en bici con el viento a favor.
El apoyo incondicional de mi pareja.
Té blanco sin azúcar.
Un correo electrónico de una paciente dando las gracias, diciendo que entiende el proceso y que está mejor.
El buen sexo (y sigo sin encontrar el malo).
Un paseo a caballo en sintonía con el animal.
Veinte minutos de zazen que acaban con una sonrisa...

Sergio Mora - Tu placer es mi placer
No, está claro que no necesito a dios para nada.

Ojodelobo

Puede que sea saturación.
Escucho una cantidad de música gigantesca. La escucho de veras. Y veo películas, muchas películas.
Leo casi todo lo que cae en mis manos.
Soy una desbrozadora y, tras el césped superficial y los hierbajos, todo lo que encuentro me aburre soberanamente.
Cada vez me cuesta más trabajo hablar de la música que me gusta con los demás y me limito a hablar de la música que me gustaba.
Nada me excita. O casi nada me excita.
En ocasiones encuentro a un Ben Frost, un Akira Rabelais o un Vladislav Delay, incluso, que me hacen plantearme que otra forma es posible.

Quiero llenar mi casa en el campo de máquinas extrañas que generen sonidos nuevos y que pueda controlar con mis manos.
Y tengo que hacerle sitio a mi vieja guitarra Gibson y a mi nuevo amplificador Fender en todo esto.

Me cuesta muchísimo volver a tocar en grupo, volver a improvisar. Toda jam session supone, con los músicos que me rodean, doblegarme y hacer que valga más mi deseo de contacto humano que mi deseo de experimentación.

Todo esto va a cambiar. Voy a ponerme manos a la obra en cuanto vuelva del siguiente viaje. Puede que incluso antes.

Lo que me faltaba. Para el perro más solo del mundo, la experimentación es la más solitaria de las casetas.

De qué hablo cuando hablo de montar

Hay una llamada íntima y preciosa en todo lo solitario, en el contacto directo y silencioso con las cosas.
Sobre la bicicleta, entrenando para hacer el camino de Santiago sobre dos ruedas con mi hermano, recordando al Santiago de "El viejo y el mar" y su respeto por el dolor y la fuerza.
Sobre el caballo, explicándole con el cuerpo y en silencio qué es lo que quiero que haga y agradeciéndole también en silencio que quiera trabajar conmigo y que, tras bajarme de su lomo, se acerque a mí para mostrarme el mismo cariño que le tengo yo.
Sobre la moto, aprendiendo a controlar la marea de mi cabeza que hace, en ocasiones, que me olvide de mi cuerpo, que es lo único que tengo. Preparándome para, algún día, poder hacer Córdoba-Varsovia (sí, por fin he aprobado el carné).

Montar solo y en silencio para poder acercarme más y mejor a los demás. Aprender a meditar sobre mi montura. Desplazarme sintiendo el desplazamiento. Conocer.

Zorionak!

Soy creador y en mi DNI pone que soy de Córdoba.
Soy usuario de la cultura y en mi DNI pone que soy de Córdoba.
Mi obra no es apoyada por las fuerzas públicas o privadas de mi ciudad y en mi DNI pone que soy de Córdoba.
No puedo disfrutar de una red cultural decente en mi ciudad y en mi DNI pone que soy de Córdoba.


Pido a mis convecinos que se vengan conmigo para protestar porque en un Mercadona o en la Universidad de Córdoba violan los derechos de compañeros trabajadores y, por no ponerse la camiseta rojinegra que visto, se ponen una azul y se van al puente a hacerse una foto.


Colaboro con cada creador cordobés que conozco y me empapo de su frustración (vale, conozco siempre a los que son críticos con el sistema que anda detrás de la capitalidad cultural) y en mi DNI pone que soy de Córdoba.


La cabeza de la segunda fuerza política del consistorio que me gobierna (al menos eso se cree) se jacta de que no ha leído un libro nunca.
Mis conciudadanos no saben, en su mayoría, quién es Rafael Sánchez... Ferlosio. Ah, bueno, el otro sí.


San Sebastián no se lo merece. Ninguna ciudad se lo merece. La cultura no es de la ciudad. La cultura es del creador y del usuario, en esa íntima comunión que se establece en el hecho cultural.
Pero, eso sí, si a Donosti le hace ilusión, felicidades.


Yo no tendría que haber escrito esto. Espera a que consulte mi DNI.

Viento armenio


Desde mi ventana
-¡cuantísimos poemas comienzan
mirando desde una ventana
y cuantísimos de estos
no valen ni el dintel!-
las hojas de los árboles
siempre titilan con leve murmullo
pero nunca tan acompasadas
como cuando, dentro de la casa,
suena el duduk de Djivan Gasparyan
y se pone en marcha, lentamente,
el tren de vapor del edificio.

A comer a la calle


Mi amiga y poeta Julia Carú, incansable motor cultural vaya donde vaya, ha creado un blog que reúne a poetas con una visión social dentro de su obra y en el que tengo el honor de participar con un poema nuevo.
Espero que esta iniciativa sea solo el inicio de, esta vez sí, una fructífera colaboración con otros creadores, en especial con Julia y E. Maldomado, tremendo artista gráfico.

Este es el enlace:

La lucha continúa. Salud, compañeros.

Ceci n'est pas une lune


Tengo que hacer una foto.

Si es bello, no hay que vivirlo, hay que congelarlo.
Hola, soy un artista de la taxidermia y
tengo que hacer una foto.

Para lanzarla en la botella al mar y que todo el mundo la vea.
Todo el mundo.
Si no es todo el mundo no vale.

Yo he estado allí.
Siglas talladas en cada árbol.

Tengo que hacer una foto.

Que no se me ocurra jamás
explicar cómo era el olor de las cosas
que he visto.

Tengo que hacer una foto.
Tengo que hacer una foto.

Congelar cada cara y cada ave
y decir qué bonito y que signifique
menos que mierda.

Tengo que hacer una foto.
Tengo que hacer una foto.

Que no se me ocurra jamás
escribir cómo sentí aquel momento
con una variedad de detalles
tan inmensa
que regale un billete de ida de un segundo.

Es mil veces más importante
el dedo que señala.
El sobrecogimiento de las Mil Islas
mide menos
que la roña bajo la uña que las apunta.

Tengo que hacer una foto.

¿Las has visto?
Mira, con esta tarjeta
puedo almacenar hasta docemil.