Variaciones genéticas de la mosca de la fruta (II)

Suda sangre,
¿será imbécil?
Y ni tan siquiera sabe
constreñir las arterias.

Variaciones genéticas de la mosca de la fruta

A quien le interese:
no vengas y, si puedes, vete.

Elige soltar, no agarrarte,
la belleza está en el salto del columpio
y no en agarrar el extremo contrario.

En el aire
en el aire libre
libre en el aire.

¿De qué materia están hechos
los algodones que rellenan
estos muñecos que viven
en las casas cercanas a la mía?

En mi ciudad te pudres si te mueves
y te pudres si te paras
y solo no te pudres
si haces de ese hedor tu colonia
y la compras.

Me he equivocado:
este invierno no solo no pasaré el río solo
sino que ni tan solo pasaré el río.

Mientras decido en qué orilla
vivo
-si en la que relleno
o en la que deseo,
porque soy
obcecado y enfermo de tristeza y cariño-
dejo las herramientas de hacer puentes
y te  mando a la mierda,
a ti y a tus ganas de cruzar.

¿Quieres?
Cómprate un puto barco
y a ver qué haces cuando te enfrentes
a la corriente.
Nunca habrás llegado
tan lejos.


Cesión a la pierna

Nadie ama al martillo.

Mientras abraces con fe, se te abrirán los visillos
pero no las puertas.

Nadie ama al martillo.
Fascina el centelleo de las chispas
que saltan del golpe contra la piedra
pero nadie ama al martillo.

Nadie, absolutamente nadie,
ama al martillo o, al menos,
no mientras se esté endureciendo poco a poco y no haya podido
demostrar su valía
-que se le de nombre
en estos días
es más importante que serlo-.

Hay una vieja galesa
-setenta años y salta al potro
atlética, ¿cómo si no?-
que me golpea con indiferencia y me sonríe
en las fotos
y me llama al zazen
ajusta mi montura
confía en mí
y me dice en silencio:
nadie nos ama, a los martillos,
pero no podemos ser otra cosa
que herramienta tosca, brutal, ciega
pero con los nervios a flor
en las piernas
y el centro de gravedad
cada vez más bajo
.

Y yo la creo
y me da un frío terrible saber
que me faltan cincuenta años o más
-o puede que nunca-
para recibir abrazo
de aquellos que hoy me recuerdan
que nadie ama al martillo.

Poetas a la calle

Hace ya tiempo que no informaba de ningún evento, así que ahí va este:


Ya está en la calle la antología POETAS DEL 15M.
Es la canalización de las reacciones de un montón de poetas, tanto nacionales como internacionales, al movimiento 15M y a la necesidad urgente de un cambio inmediato.
Está realizada por Editorial Séneca bajo la sonriente coordinación de Julia Carú, poeta y amiga.
Yo participo con un par de poemas y, si me buscáis en el listado que aparece a la izquierda de la página del libro, podéis encontrarme con el enlace a este blog.


Podéis, si os interesa, comprarlo online o pidiéndolo en vuestra librería de cabecera.

Ya comenté la historia de este libro en esta entrada.


Que no pare la lucha.

Monju Goson

Espero a que llegue el frío
y lo preparo durante el otoño
esquivando las tristezas
propias y ajenas
para encararlo en zazen
con el torso descubierto,
las botas calzadas
y mi calva lamiendo el relente.

Que venga.

Este invierno
no pienso cruzar solo el río.

Este invierno
no pienso sólo cruzar el río.

Sennheiser hd 380 pro

Tengo un paciente que, como muchísimos hombres, solo sabe reaccionar con ira a las agresiones externas.
Si algo o alguien lo acorrala, rompe cosas e insulta.
Si no trabajo con él o, mejor, si no trabajamos juntos, seguramente llegará a agredir físicamente a sus seres queridos.
Ya lo ha hecho verbalmente.

Tengo un paciente que, como muchos de nosotros, tiene un interruptor con dos posiciones.
Nada de un dimmer suave y amable.
Alegría - Ira.
1000 vatios de potencia para reirse con otros colegas igual de asustados o para gritar, insultar y partir mobiliario.

Tengo un paciente binario, como muchos hombres que somos.
Cuando entra en la consulta me saluda con una sonrisa franca, abierta, llena de amor y miedo.
Cuando siente miedo
o dolor
o tristeza
responde con ira.
Solo conoce esa ira
-le tengo mucho aprecio-.

Si siente celos, monta en cólera.
Si se siente inferior, monta en cólera.
Si se topa con la duda, monta en cólera.
Si echa de menos, monta en cólera.
Contra los demás
y contra sí mismo.

Yo solo sé ponerme triste.

Si lo suyo no fuera más dañino que lo mío
-que no digo que lo mío no lo sea-
seguramente seríamos buenos amigos
en lugar de trabajar el problema
y seguramente acabaríamos
tocando blues juntos
con los cascos puestos.

Deus ex machina

Un medio de fino del que me regala mi padre.
Buen tabaco en mi pipa (Savinelli) cortado por los Amish.
Vodka helado según la receta de Mendeleev.
Arroz con verduras del huerto de mi suegro con pimentón de la Vera. Bien reposado.
Un libro recién comprado de Jesús Ferrero o de Mário de Sá-Carneiro (ese olor a libro).
Una película de Lynch o de Sokúrov.
Una sonata para violoncello de Bach o un disco de Ben Frost escuchado por unos cascos Sennheiser.
Una tarde de vino y conversación con los amigos (bueno, desde pequeño, sobre todo, las amigas, ahora de todo un poco).
Un paseo en bici con el viento a favor.
El apoyo incondicional de mi pareja.
Té blanco sin azúcar.
Un correo electrónico de una paciente dando las gracias, diciendo que entiende el proceso y que está mejor.
El buen sexo (y sigo sin encontrar el malo).
Un paseo a caballo en sintonía con el animal.
Veinte minutos de zazen que acaban con una sonrisa...

Sergio Mora - Tu placer es mi placer
No, está claro que no necesito a dios para nada.