Los libros de autoayuda y el club de la comedia.
Todos asentimos como los antiguos perros de goma de detrás del coche.
Es cierto porque ocurre. Es gracioso porque pasa.
250 páginas para contarme qué es lo que me pasa con palabras que yo pueda entender.
2 horas de programa para contarme lo que hago cuando salgo de marcha.
Tengo un problema.
Nadie me dice qué he de hacer.
Nadie me propone una posibilidad de solución.
Ningún libro de autoayuda se moja.
¿Y si se moja y falla?
Mejor mantenerse en la orilla, señalando el agua, diciendo "eso es agua".
"Me gusta este libro, porque habla del agua y yo he visto el agua y dice cómo es el agua que yo he visto".
Dentro del agua hace frío.
Ayúdame a salir.
LA PERSONA QUE DIRIGE
No tenemos ya hambre, ni miedo, ni sueño, ni nada.
Una mano con un ojo para cada uno
- Akira, el poeta que ulula
- Annymal, joya cercana
- Ben Frost, la garganta del lobo
- Color Persona, el fin de los poetas
- Círculo Escéptico, preguntas incómodas
- El retorno de los charlatanes
- Fennesz, la guitarra más allá de las manos
- Filip Sokoloff, lo que se oye tras la máscara
- Lucy Rees, chamana
- Marc Ribot, el guitarrista cansado
- On Kawara, sensei sin rostro
- Vladislav Delay, crujiente
Hazlo (el cortometraje completo)
He tardado pero aquí está.
Los subtítulos en inglés corren a cargo de mi amigo Pablo Carrascosa González.
Si quereis saber de qué va la historia (por qué he hecho un cortometraje), pinchad aquí.
No dudeis en comentar.
Los subtítulos en inglés corren a cargo de mi amigo Pablo Carrascosa González.
Si quereis saber de qué va la historia (por qué he hecho un cortometraje), pinchad aquí.
No dudeis en comentar.
Peli en casa
![]() |
| Lúa, Susana, Dani y Juan Luís preparados para ver buen cine, palomitas y cerveza en ristre. |
La forma de trabajo está siendo parecida a la que usamos con Nerón. Fuego de mierda.
Esta vez el equipo ha vuelto a mutar. Se mantienen, por supuesto, Lúa Santos y Daniel Sergio Pardo, pero contamos en esta ocasión con mis dos actores en el cortometraje Hazlo, Juan Luís Gill y Susana García.
Entre ensayos puros y duros, poniendo de pie el texto que estoy escribiendo y re-escribiendo constantemente (la segunda parte de la obra está surgiendo del trabajo con la primera), dedicamos días al estudio y la reflexión. Para ello estamos usando el cine. Pero no para copiar modelos, ni mucho menos, sino para abrir el debate acerca de temas que estarán presentes en Averroes.
Por ahora hemos visto:
Human Nature, de Michel Gondry, con la que hemos debatido acerca de la imposibilidad del retorno a lo primitivo, a lo natural, a la tierra.
Madre e hijo, de Aleksandr Sokurov, donde hemos girado en torno a las relaciones con la madre, con el pasado, con el hogar.
Stalker, de Andrei Tarkovski, acercándonos a la fe, la pérdida de la misma y las atmósferas que era capaz de crear el genio ruso.
Me alegra mucho ver a mi grupo involucrado (aunque cueste ver pelis a ciertas horas, con el sueño mordiéndonos los talones). De hecho, en alguna ocasión se han llevado mi copia de la película para echarle un vistazo en casa, completar el trabajo y, si han dado alguna cabezada, no perderse ninguna escena.
Espero, y creo que va siendo así, que estas películas estén influyéndoles no solo en su actuación y en el montaje de Averroes, sino en su vida diaria y en su formación como artistas.
Las veladas, desde luego, están siendo muy agradables, siempre acompañadas de palomitas (tiene razón Dani, masticar ayuda a mantenerse concentrado), té, cervezas, patatas, encurtidos (las nuevas aceitunas están mejores, os lo aseguro, las he aliñado yo), licores o lo que se quiera.
Deseo que mi equipo se sienta en su casa cuando estén en la mía, sobre todo porque Averroes debe ser un proyecto prácticamente familiar.
Ya van surgiendo los primeros roces, las primeras disculpas, las primeras complicidades y montañas de anécdotas compartidas de la vida de cada uno.
Poner en pie la propia obra de uno es una gozada, pero imaginaos si a eso le sumo conseguir que mi grupo se sienta una familia.
Toda esta mierda tiene que ver con
Averroes en los no-lugares,
cine,
obras de Color Persona
Autoconmiserables
Últimamente veo aparecer iniciativas, por llamarlas de algún modo, que tienen que ver, en principio, con la cultura en Córdoba.
De acuerdo, quizá sea el mismo fenómeno que sucede cuando la novia tiene un retraso en la regla, que uno ve embarazadas por todos lados. Y en estas, con tanto cartelito de Córdoba 2016, puede ser que me fije más de la cuenta.
Uno, en su último reducto de inocencia, se acerca algo timorato a aquellas que son generadas por jóvenes o que, cuando menos, no tienen demasiado que ver con la administración pública.
Una vez, construyendo una fuente en una comunidad en la que pasé un verano, metí la mano en un avispero y me llevé clavados cuatro aguijones a la vez, cuatro.
Se crea una asociación que pretende tender un mantel para el diálogo entre los creadores, con especial hincapié en la literatura, en Córdoba. Y ahí que voy yo, virtualmente, claro, a meter la mano para ver qué palpo y de qué va el tema.
Y claro, qué mejor que rebuscar un poco en el blog de dicha iniciativa y leer su manifiesto fundacional.
Vale, ya la jodimos. No hay manera de pasar de la primera linea para encontrarse con unos puntos suspensivos que, en lugar de tres, son... ¡siete!
Y, desde ahí, de mal en peor. Comas donde no deberían estar, otras que faltan, puntos en mitad de una frase e incoherencias gramaticales en un texto de cinco líneas exactas (sin contar la firma).
Voy recordando que se trata de una iniciativa que pretende "aunar las disciplinas del arte y la literatura" (¿el arte es una disciplina? ¿La literatura no es parte del arte y hay que aunarla? Bueno, esto para otro post).
Y, ahora, el momento de los aguijones.
Se me ocurre dejar un comentario escrito advirtiendo que, de entrada, todo mi apoyo pero que, hasta donde yo conozco, no es la mejor tarjeta de presentación un manifiesto de un proyecto que tiene que ver con la literatura que esté plagado de errores gramaticales.
Ojo, es un documento hecho en photoshop u otro programa de diseño gráfico, es decir, que nada de "es que escribo muy rápido con el teclado y se me pasan los errores".
Ya está, dejo un comentario en un espacio público que tiene habilitada la opción de dejar comentarios.
Día siguiente (mentira, horas) y arranco el ordenador para encontrarme con un aluvión de mensajes poniéndome a caldo.
Que si quién soy yo para dar lecciones de ortografía, que qué me he creido y, el que más me ha hecho ilusión, que, y cito textualmente, "no es mejor apoyar iniciativas q estan en fase d germinar y luego ya comentar?en cordoba x desgracia hay mucha tendencia a eso, en todos los sectores.tiempo al tiempo".
¡¡Tatachán!!
Ahora resulta que una iniciativa, si está empezando, o si es de Córdoba, o si es "cultural", no puede ser advertida de que se presenta al mundo con un manifiesto lleno de errores o, lo que es lo mismo para mí, cutre a más no poder.
Creo que ya comenté en algún foro (no de internet, sino de la vida real) que estamos más que acostumbrados a darnos palmaditas en la espalda sin haber puesto nunca en entredicho el producto que ofrecemos (bueno, salvo a la espalda, en las charlas de bares, donde menos se necesita).
No llegaremos a hacernos a la idea de que cuando uno presenta algo al público tiene que cuidar lo que está haciendo. Si vas a escribir como el culo y te la suda, pues lo escribes y lo guardas en tu puto cajón, que para ti es y debajo de mi manto, al rey mato, pero si acabas "proponiendo al espectador que sea un cómplice con nosotros" (las tildes son mías) tienes, por lo menos, que revisar y poner en tela de juicio lo que sacas a la calle.
Si un vecino mío imbécil hace una silla con tres patas, me voy a la tienda a por una para sentarme y no se la compro porque sea vecino. Eso se hace con los mantecados de navidad de los institutos, que suelen ser malísimos, porque vamos a ayudar al niño de un amigo, pero en cuestiones culturales, te metes la caja de polvorones rancios por donde yo te diga.
Y luego nos enfadamos si el diario Córdoba no nos dedica un apartado para glorificar nuestra opera magna.
Pobrecitos los creadores cordobeses, que necesitamos un trato especial.
De acuerdo, quizá sea el mismo fenómeno que sucede cuando la novia tiene un retraso en la regla, que uno ve embarazadas por todos lados. Y en estas, con tanto cartelito de Córdoba 2016, puede ser que me fije más de la cuenta.
Uno, en su último reducto de inocencia, se acerca algo timorato a aquellas que son generadas por jóvenes o que, cuando menos, no tienen demasiado que ver con la administración pública.
Una vez, construyendo una fuente en una comunidad en la que pasé un verano, metí la mano en un avispero y me llevé clavados cuatro aguijones a la vez, cuatro.
Se crea una asociación que pretende tender un mantel para el diálogo entre los creadores, con especial hincapié en la literatura, en Córdoba. Y ahí que voy yo, virtualmente, claro, a meter la mano para ver qué palpo y de qué va el tema.
Y claro, qué mejor que rebuscar un poco en el blog de dicha iniciativa y leer su manifiesto fundacional.
Vale, ya la jodimos. No hay manera de pasar de la primera linea para encontrarse con unos puntos suspensivos que, en lugar de tres, son... ¡siete!
Y, desde ahí, de mal en peor. Comas donde no deberían estar, otras que faltan, puntos en mitad de una frase e incoherencias gramaticales en un texto de cinco líneas exactas (sin contar la firma).
Voy recordando que se trata de una iniciativa que pretende "aunar las disciplinas del arte y la literatura" (¿el arte es una disciplina? ¿La literatura no es parte del arte y hay que aunarla? Bueno, esto para otro post).
Y, ahora, el momento de los aguijones.
Se me ocurre dejar un comentario escrito advirtiendo que, de entrada, todo mi apoyo pero que, hasta donde yo conozco, no es la mejor tarjeta de presentación un manifiesto de un proyecto que tiene que ver con la literatura que esté plagado de errores gramaticales.
Ojo, es un documento hecho en photoshop u otro programa de diseño gráfico, es decir, que nada de "es que escribo muy rápido con el teclado y se me pasan los errores".
Ya está, dejo un comentario en un espacio público que tiene habilitada la opción de dejar comentarios.
Día siguiente (mentira, horas) y arranco el ordenador para encontrarme con un aluvión de mensajes poniéndome a caldo.
Que si quién soy yo para dar lecciones de ortografía, que qué me he creido y, el que más me ha hecho ilusión, que, y cito textualmente, "no es mejor apoyar iniciativas q estan en fase d germinar y luego ya comentar?en cordoba x desgracia hay mucha tendencia a eso, en todos los sectores.tiempo al tiempo".
¡¡Tatachán!!
Ahora resulta que una iniciativa, si está empezando, o si es de Córdoba, o si es "cultural", no puede ser advertida de que se presenta al mundo con un manifiesto lleno de errores o, lo que es lo mismo para mí, cutre a más no poder.
Creo que ya comenté en algún foro (no de internet, sino de la vida real) que estamos más que acostumbrados a darnos palmaditas en la espalda sin haber puesto nunca en entredicho el producto que ofrecemos (bueno, salvo a la espalda, en las charlas de bares, donde menos se necesita).
No llegaremos a hacernos a la idea de que cuando uno presenta algo al público tiene que cuidar lo que está haciendo. Si vas a escribir como el culo y te la suda, pues lo escribes y lo guardas en tu puto cajón, que para ti es y debajo de mi manto, al rey mato, pero si acabas "proponiendo al espectador que sea un cómplice con nosotros" (las tildes son mías) tienes, por lo menos, que revisar y poner en tela de juicio lo que sacas a la calle.
Si un vecino mío imbécil hace una silla con tres patas, me voy a la tienda a por una para sentarme y no se la compro porque sea vecino. Eso se hace con los mantecados de navidad de los institutos, que suelen ser malísimos, porque vamos a ayudar al niño de un amigo, pero en cuestiones culturales, te metes la caja de polvorones rancios por donde yo te diga.
Y luego nos enfadamos si el diario Córdoba no nos dedica un apartado para glorificar nuestra opera magna.
Pobrecitos los creadores cordobeses, que necesitamos un trato especial.
Hazlo (cómo se gesta un cortometraje)
Ha sido una semana muy larga. O debería decir UNAS semanas muy largas.
Me he pasado días en una nube de preocupación porque no era capaz de darle forma al cortometraje que tenía que escribir.
Para que todo el mundo sepa de que estoy hablando, este año he vuelto a participar (la segunda vez) en el festival de cine instantáneo que se celebra dentro del festival Eutopía.
En esta edición, la de la falta de dinero, los carteles flojeando y la desaparición de proyectos que al menos a mí me parecían interesantes, como TODO lo que tenga que ver con el teatro (salvo la actuación de los ganadores del Desencaja, que eso si que es para hacer otro post sobre cómo el que te dejen actuar es un premio dentro de un concurso), en esta poco lustrosa edición, digo, me propuse volver a la carga, a pesar del estrepitoso fracaso del año pasado.
Para los que no lo sepan, en la edición anterior rodé Shin-Dou (el camino de dios), una historia espesa, pedante y lenta sobre la fe como tránsito individual.
Pues bien, me comí (bueno, nos comimos, porque lo firmamos Nazaret y yo) un mojón enorme. Ni pasamos a la final. Aunque, viendo los finalistas y, sobre todo, los ganadores, uno se sigue preguntando si no hizo mal con tan siquiera acercarse vaya que se pegue algo.
Así que entoné un "¿el año que viene? ni de coña" cuando me preguntaron si lo intentaría otra vez.
Pero llega la fecha y Lúa Santos y Lorena Luque (que trabajó a mis órdenes en el corto anterior y por quien, a día de hoy, no podemos colgarlo en youtube) me dicen que van a presentarse como directoras y me piden ayuda para la edición. Para colmo, llevan en el equipo de actores a Daniel Sergio Pardo... y ya tenemos a Color Persona al completo en un corto que yo no voy a dirigir.
Y me sale la vena orgullosa y digo "no, yo es que tengo una idea este año y me voy a presentar".
¡Ole mis cojones! Echando pestes del festival y, en cuanto me tocan el orgullo me sale la envidia y me meto en esto... ¡y sin mis actores! Ah, bueno... ¡y sin una puta idea!
Así que imagínate, casi un mes sin poder hilvanar dos escenas en mi cabeza y con un montoncito ridículo de visiones en la mente fruto, sobre todo, de escuchar la voz de David Lynch cantando Dark night of the soul.
Me he agobiado demasiado. Prácticamente no he dormido algunos días y, para colmo, pasaba los días saltando del sofá al teclado para no escribir ni una linea.
Ahora, el salto mortal.
Como no tengo actores para el corto fantasma, me pongo en contacto con algunos, sin tener ni puta idea de qué hacer, y caen en mis redes dos: Juan Luís Gill y Susana García, que se presentan a una entrevista conmigo frente a unas cervezas, cargados de ilusión, mientras yo mantenía el tipo explicándoles una historia cogida con pinzas que ni era historia ni era nada.
Y pican. Y se embarcan en esto. Y ya tiene fecha y personas con nombres y caras y cuerpos y cerebros ilusionados.
Se complica demasiado todo. Si antes no podía escribir, ahora ya ni se detiene en mi cabeza la historia que, se supone, debería estar alambicando.
He pasado días en los que he pensado "a la mierda, no me presento y pongo mi cara de persona cuando estos presenten su corto y, para colmo, sea bueno y, para colmo, ganen". Pero ya no tengo esa cara y me duele más el sentirme desplazado (sin razón, lo sé, son mi familia y los quiero a rabiar) que el quedar mal.
Así que una noche, tal y como hoy escribo esto a las seis y media de la mañana tras la noche escuchando a Burial, entro en uno de mis famosos "trances" (permítaseme la expresión a falta de otra menos vergonzosa) y escribo, sin parar, las nueve páginas que forman, plano a plano, Hazlo.
Habemus guión.
Ahora la carrera para organizarlo todo con pocos días de antelación, pero a esa ya estoy acostumbrado y no me asusta; soy una persona de teatro, ¿recuerdan?
Un día de rodaje (como entendimos mal las bases, no lo rodamos en 24 horas, sino ¡EN 12!) y seis horas de edición (de un máximo de 10: me levanté el primero del puesto de edición para irme a dormir con el trabajo terminado).
Conclusiones:
1.- Soy un ser mezquino, envidioso, orgulloso y mentiroso, es decir, HUMANO.
2.- Me interesa del festival, además de no ser menos que Lorena y Lúa, LA PASTA. Me da exactamente igual quién vea el corto o qué opinen, sobre todo porque, después del año pasado, el gusto del jurado me parece, y esto es una opinión personal, digno de no tener en cuenta. Pero si gano, el dinero me vendrá de perlas, sobre todo porque hay dos cosas que me guían para hacer algo, a saber, la necesidad de arte y el dinero, y eso del arte en este festival... como que no.
3.- Soy capaz de hacer un corto HORRIBLEMENTE PEDANTE Y LENTO para, acto seguido, atreverme a meterme de nuevo en hacer otro a sabiendas que ya no me quita el sambenito de pedante ni dios y eso, quieras que no, afecta.
4.- Tras observar IRREGULARIDADES en el desarrollo del festival el año pasado que la organización se pasó por el forro, este año las vuelvo a ver y me vuelvo a callar, aunque, conociéndome, supongo que por poco tiempo.
5.- He pasado un día de RODAJE MARAVILLOSO con dos actores nuevos que, además de tener un talento brutal, son cercanos, inteligentes y dan ganas de pasar con ellos mucho más tiempo.
6.- Mi PAREJA tiene el cielo ganado y es una de las muchas razones por la que la quiero. Ha sido mi asistente en el rodaje y cree más en mí que yo mismo, siempre, bajo toda circunstancia, en todo lugar. Sin ella no lograría ni levantarme del sofá cada tarde.
7.- Me encanta EDITAR SOLO. Lo siento, Nazaret, pero con unos cascos y un vodka (sí, eso es lo que llevaba en la petaca, queridos, mientras vosotros sacábais las cervezas para parecer "malotes") puedo encerrarme en mi cabeza y, a estas alturas de mi vida, eso constituye mi mayor placer.
El jueves o el viernes se proyectarán TODOS los cortos (esta vez no hay fase final) y podré agarrarme de la mano de Juan Luis y Susana para desearles suerte. Yo, seguramente, tendré en la cabeza el dinero del premio y el premio que es ya, de por sí, haber trabajado con ellos. Lo demás me da exactamente igual.
Sea como sea, si no gano yo, que ganen mis chicas (Lorena y Lúa, claro).
Curioso, lo único bueno que tiene el Instituto Andaluz de la Juventud está fuera de él: la posibilidad del dinero (siempre dispuestos a financiar acciones culturales cobardes) y mis dos nuevos actores, de los que escuchareis hablar.
Me he pasado días en una nube de preocupación porque no era capaz de darle forma al cortometraje que tenía que escribir.
Para que todo el mundo sepa de que estoy hablando, este año he vuelto a participar (la segunda vez) en el festival de cine instantáneo que se celebra dentro del festival Eutopía.
En esta edición, la de la falta de dinero, los carteles flojeando y la desaparición de proyectos que al menos a mí me parecían interesantes, como TODO lo que tenga que ver con el teatro (salvo la actuación de los ganadores del Desencaja, que eso si que es para hacer otro post sobre cómo el que te dejen actuar es un premio dentro de un concurso), en esta poco lustrosa edición, digo, me propuse volver a la carga, a pesar del estrepitoso fracaso del año pasado.
Para los que no lo sepan, en la edición anterior rodé Shin-Dou (el camino de dios), una historia espesa, pedante y lenta sobre la fe como tránsito individual.
Pues bien, me comí (bueno, nos comimos, porque lo firmamos Nazaret y yo) un mojón enorme. Ni pasamos a la final. Aunque, viendo los finalistas y, sobre todo, los ganadores, uno se sigue preguntando si no hizo mal con tan siquiera acercarse vaya que se pegue algo.
Así que entoné un "¿el año que viene? ni de coña" cuando me preguntaron si lo intentaría otra vez.
Pero llega la fecha y Lúa Santos y Lorena Luque (que trabajó a mis órdenes en el corto anterior y por quien, a día de hoy, no podemos colgarlo en youtube) me dicen que van a presentarse como directoras y me piden ayuda para la edición. Para colmo, llevan en el equipo de actores a Daniel Sergio Pardo... y ya tenemos a Color Persona al completo en un corto que yo no voy a dirigir.
Y me sale la vena orgullosa y digo "no, yo es que tengo una idea este año y me voy a presentar".
¡Ole mis cojones! Echando pestes del festival y, en cuanto me tocan el orgullo me sale la envidia y me meto en esto... ¡y sin mis actores! Ah, bueno... ¡y sin una puta idea!
Así que imagínate, casi un mes sin poder hilvanar dos escenas en mi cabeza y con un montoncito ridículo de visiones en la mente fruto, sobre todo, de escuchar la voz de David Lynch cantando Dark night of the soul.
Me he agobiado demasiado. Prácticamente no he dormido algunos días y, para colmo, pasaba los días saltando del sofá al teclado para no escribir ni una linea.
Ahora, el salto mortal.
Como no tengo actores para el corto fantasma, me pongo en contacto con algunos, sin tener ni puta idea de qué hacer, y caen en mis redes dos: Juan Luís Gill y Susana García, que se presentan a una entrevista conmigo frente a unas cervezas, cargados de ilusión, mientras yo mantenía el tipo explicándoles una historia cogida con pinzas que ni era historia ni era nada.
Y pican. Y se embarcan en esto. Y ya tiene fecha y personas con nombres y caras y cuerpos y cerebros ilusionados.
Se complica demasiado todo. Si antes no podía escribir, ahora ya ni se detiene en mi cabeza la historia que, se supone, debería estar alambicando.
![]() |
| Talento al desnudo. ¿Será posible que salió bien la toma a la primera? |
Así que una noche, tal y como hoy escribo esto a las seis y media de la mañana tras la noche escuchando a Burial, entro en uno de mis famosos "trances" (permítaseme la expresión a falta de otra menos vergonzosa) y escribo, sin parar, las nueve páginas que forman, plano a plano, Hazlo.
Habemus guión.
Ahora la carrera para organizarlo todo con pocos días de antelación, pero a esa ya estoy acostumbrado y no me asusta; soy una persona de teatro, ¿recuerdan?
Un día de rodaje (como entendimos mal las bases, no lo rodamos en 24 horas, sino ¡EN 12!) y seis horas de edición (de un máximo de 10: me levanté el primero del puesto de edición para irme a dormir con el trabajo terminado).
Conclusiones:
1.- Soy un ser mezquino, envidioso, orgulloso y mentiroso, es decir, HUMANO.
2.- Me interesa del festival, además de no ser menos que Lorena y Lúa, LA PASTA. Me da exactamente igual quién vea el corto o qué opinen, sobre todo porque, después del año pasado, el gusto del jurado me parece, y esto es una opinión personal, digno de no tener en cuenta. Pero si gano, el dinero me vendrá de perlas, sobre todo porque hay dos cosas que me guían para hacer algo, a saber, la necesidad de arte y el dinero, y eso del arte en este festival... como que no.
3.- Soy capaz de hacer un corto HORRIBLEMENTE PEDANTE Y LENTO para, acto seguido, atreverme a meterme de nuevo en hacer otro a sabiendas que ya no me quita el sambenito de pedante ni dios y eso, quieras que no, afecta.
4.- Tras observar IRREGULARIDADES en el desarrollo del festival el año pasado que la organización se pasó por el forro, este año las vuelvo a ver y me vuelvo a callar, aunque, conociéndome, supongo que por poco tiempo.
5.- He pasado un día de RODAJE MARAVILLOSO con dos actores nuevos que, además de tener un talento brutal, son cercanos, inteligentes y dan ganas de pasar con ellos mucho más tiempo.
6.- Mi PAREJA tiene el cielo ganado y es una de las muchas razones por la que la quiero. Ha sido mi asistente en el rodaje y cree más en mí que yo mismo, siempre, bajo toda circunstancia, en todo lugar. Sin ella no lograría ni levantarme del sofá cada tarde.
7.- Me encanta EDITAR SOLO. Lo siento, Nazaret, pero con unos cascos y un vodka (sí, eso es lo que llevaba en la petaca, queridos, mientras vosotros sacábais las cervezas para parecer "malotes") puedo encerrarme en mi cabeza y, a estas alturas de mi vida, eso constituye mi mayor placer.
El jueves o el viernes se proyectarán TODOS los cortos (esta vez no hay fase final) y podré agarrarme de la mano de Juan Luis y Susana para desearles suerte. Yo, seguramente, tendré en la cabeza el dinero del premio y el premio que es ya, de por sí, haber trabajado con ellos. Lo demás me da exactamente igual.
Sea como sea, si no gano yo, que ganen mis chicas (Lorena y Lúa, claro).
Curioso, lo único bueno que tiene el Instituto Andaluz de la Juventud está fuera de él: la posibilidad del dinero (siempre dispuestos a financiar acciones culturales cobardes) y mis dos nuevos actores, de los que escuchareis hablar.
Caín.
El pasado fin de semana estrenamos, por fin, mi nueva obra: Nerón. Fuego de mierda.
Ha sido un periodo larguísimo de trabajo en la infernal nave en la que trabajamos, pasando un frío del demonio y un calor infernal (los tejados de uralita es lo que tienen).
Durante este tiempo hemos tenido de todo: deserciones, cambios, enfados entre nosotros, enfados con los demás, colaboraciones inesperadas, decisiones acertadas y otras erróneas... lo que viene siendo la producción de una obra de teatro.
Hicimos un pase privado el jueves sólo para los más cercanos y, entre ellos, estuvieron mis padres con unos amigos.
Será porque la relación que tengo con ellos es muy cercana, sobre todo con mi madre, pero no llegaba a entender a Lúa cuando comentaba, tras el estreno, que se había sentido nerviosa al tener que hacer su monólogo justo enfrente de mi madre.
Ahora, con algo de distancia, lo entiendo. No debe ser fácil para Lúa tocar un tema delicado frente a su protagonista, así como no debe serlo para mi madre, que ha visto parte de nuestras miserias aireadas.
Afortunadamente, he hablado largo y tendido, durante noches, con mi madre sobre estos temas, y tengo suerte de que lo entienda y que me apoye, tanto ella como mi padre, claro.
Vino bastante gente todos los días, pero ocurrió algo curioso. Invitamos a un director de cine, un escritor y director de teatro y a dos grupos de teatro que comparten espacio de trabajo con nosotros. Se supone que todos amigos y hartos de decirnos "cuando estreneis, avisad".
Antes, meses antes, habíamos ido casi en excursión a ver sus cortos, películas y obras, Color Persona al completo, incluso llevando cuanta más gente mejor para demostrar nuestro apoyo a los compañeros creadores. Pero a la hora de nuestro estreno... solos. O, al menos, solos en lo que a representación cultural se refiere. Todo fueron excusas (joder, que han sido 3 pases en 3 días distintos, uno de ellos entre semana por si acaso) y lamentos.
Esto demuestra algo que ya sabía: en Córdoba ni gremio ni leches. No ya solo constata que un servidor no pertenece a ninguna generación ni grupo de creadores cordobeses (si es que eso existe, que lo dudo), sino que esa costumbre cainita de la que me han hablado está en su máximo apogeo.
Estamos mucho más preocupados en vernos en prensa que en crear, y mucho más en hacernos un hueco en el suplemento cultural que en pensar que, en ocasiones, hacer algo artístico es un trabajo y que, de vez en cuando, no viene mal trabajar con otros y no dedicarnos, simplemente, a escupir desde el pedestal.
¿Tendrán huevos de criticar, mañana, este texto?
Ya ven, al final resulta que yo soy el crítico con los demás y, sin embargo, aquí me tenían, mandando correos a todo el mundo para decirles "si necesitas lo que sea, avisa".
Al único que invitamos a sabiendas de que no iba a venir fue a David Fernández que, al menos, tuvo la decencia y el buen gusto de respondernos, desearnos ánimo, y dejarnos claro que es preferible decir "no me muevo de aquí ni a leches" que animar con un "avisad cuando estreneis" para luego limpiarse el culo con el papel de la invitación.
En fin, estuvieron los que debieron estar y creo que les gustó mucho. A mí, desde luego, me encantó poder compartir tanto tiempo de trabajo con las cabezas inquietas que nos acompañaron.
Vamos a intentar vender la obra fuera de esta tierra para, como suele pasar, algún día volver y que nos digan los de aquí que somos algo así como hijos predilectos.
Yo, por mi parte, ya estoy escribiendo la nueva adaptación de Averroes, que se titulará "Averroes en los no-lugares" y preparando la colaboración que vamos a llevar a cabo con Máximo Sandin. Al menos los disidentes nos tendemos puentes.
Ha sido un periodo larguísimo de trabajo en la infernal nave en la que trabajamos, pasando un frío del demonio y un calor infernal (los tejados de uralita es lo que tienen).
Durante este tiempo hemos tenido de todo: deserciones, cambios, enfados entre nosotros, enfados con los demás, colaboraciones inesperadas, decisiones acertadas y otras erróneas... lo que viene siendo la producción de una obra de teatro.
Hicimos un pase privado el jueves sólo para los más cercanos y, entre ellos, estuvieron mis padres con unos amigos.
Será porque la relación que tengo con ellos es muy cercana, sobre todo con mi madre, pero no llegaba a entender a Lúa cuando comentaba, tras el estreno, que se había sentido nerviosa al tener que hacer su monólogo justo enfrente de mi madre.
Ahora, con algo de distancia, lo entiendo. No debe ser fácil para Lúa tocar un tema delicado frente a su protagonista, así como no debe serlo para mi madre, que ha visto parte de nuestras miserias aireadas.
Afortunadamente, he hablado largo y tendido, durante noches, con mi madre sobre estos temas, y tengo suerte de que lo entienda y que me apoye, tanto ella como mi padre, claro.
Vino bastante gente todos los días, pero ocurrió algo curioso. Invitamos a un director de cine, un escritor y director de teatro y a dos grupos de teatro que comparten espacio de trabajo con nosotros. Se supone que todos amigos y hartos de decirnos "cuando estreneis, avisad".
Antes, meses antes, habíamos ido casi en excursión a ver sus cortos, películas y obras, Color Persona al completo, incluso llevando cuanta más gente mejor para demostrar nuestro apoyo a los compañeros creadores. Pero a la hora de nuestro estreno... solos. O, al menos, solos en lo que a representación cultural se refiere. Todo fueron excusas (joder, que han sido 3 pases en 3 días distintos, uno de ellos entre semana por si acaso) y lamentos.
Hay "Caines" que ni tan siquiera huyen horrorizados.
Esto demuestra algo que ya sabía: en Córdoba ni gremio ni leches. No ya solo constata que un servidor no pertenece a ninguna generación ni grupo de creadores cordobeses (si es que eso existe, que lo dudo), sino que esa costumbre cainita de la que me han hablado está en su máximo apogeo.
Estamos mucho más preocupados en vernos en prensa que en crear, y mucho más en hacernos un hueco en el suplemento cultural que en pensar que, en ocasiones, hacer algo artístico es un trabajo y que, de vez en cuando, no viene mal trabajar con otros y no dedicarnos, simplemente, a escupir desde el pedestal.
¿Tendrán huevos de criticar, mañana, este texto?
Ya ven, al final resulta que yo soy el crítico con los demás y, sin embargo, aquí me tenían, mandando correos a todo el mundo para decirles "si necesitas lo que sea, avisa".
Al único que invitamos a sabiendas de que no iba a venir fue a David Fernández que, al menos, tuvo la decencia y el buen gusto de respondernos, desearnos ánimo, y dejarnos claro que es preferible decir "no me muevo de aquí ni a leches" que animar con un "avisad cuando estreneis" para luego limpiarse el culo con el papel de la invitación.
En fin, estuvieron los que debieron estar y creo que les gustó mucho. A mí, desde luego, me encantó poder compartir tanto tiempo de trabajo con las cabezas inquietas que nos acompañaron.
Vamos a intentar vender la obra fuera de esta tierra para, como suele pasar, algún día volver y que nos digan los de aquí que somos algo así como hijos predilectos.
Yo, por mi parte, ya estoy escribiendo la nueva adaptación de Averroes, que se titulará "Averroes en los no-lugares" y preparando la colaboración que vamos a llevar a cabo con Máximo Sandin. Al menos los disidentes nos tendemos puentes.
Toda esta mierda tiene que ver con
Córdoba,
cultura teatral,
Nerón. Fuego de mierda (Juan Pablo Herencia),
obras de Color Persona
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