Suda sangre,
¿será imbécil?
Y ni tan siquiera sabe
constreñir las arterias.
LA PERSONA QUE DIRIGE

No tenemos ya hambre, ni miedo, ni sueño, ni nada.
Una mano con un ojo para cada uno
- Akira, el poeta que ulula
- Annymal, joya cercana
- Ben Frost, la garganta del lobo
- Color Persona, el fin de los poetas
- Círculo Escéptico, preguntas incómodas
- El retorno de los charlatanes
- Fennesz, la guitarra más allá de las manos
- Filip Sokoloff, lo que se oye tras la máscara
- Lucy Rees, chamana
- Marc Ribot, el guitarrista cansado
- On Kawara, sensei sin rostro
- Vladislav Delay, crujiente
Variaciones genéticas de la mosca de la fruta
A quien le interese:
no vengas y, si puedes, vete.
Elige soltar, no agarrarte,
la belleza está en el salto del columpio
y no en agarrar el extremo contrario.
En el aire
en el aire libre
libre en el aire.
¿De qué materia están hechos
los algodones que rellenan
estos muñecos que viven
en las casas cercanas a la mía?
En mi ciudad te pudres si te mueves
y te pudres si te paras
y solo no te pudres
si haces de ese hedor tu colonia
y la compras.
Me he equivocado:
este invierno no solo no pasaré el río solo
sino que ni tan solo pasaré el río.
Mientras decido en qué orilla
vivo
-si en la que relleno
o en la que deseo,
porque soy
obcecado y enfermo de tristeza y cariño-
dejo las herramientas de hacer puentes
y te mando a la mierda,
a ti y a tus ganas de cruzar.
¿Quieres?
Cómprate un puto barco
y a ver qué haces cuando te enfrentes
a la corriente.
Nunca habrás llegado
tan lejos.
no vengas y, si puedes, vete.
Elige soltar, no agarrarte,
la belleza está en el salto del columpio
y no en agarrar el extremo contrario.
En el aire
en el aire libre
libre en el aire.
¿De qué materia están hechos
los algodones que rellenan
estos muñecos que viven
en las casas cercanas a la mía?
En mi ciudad te pudres si te mueves
y te pudres si te paras
y solo no te pudres
si haces de ese hedor tu colonia
y la compras.
Me he equivocado:
este invierno no solo no pasaré el río solo
sino que ni tan solo pasaré el río.
Mientras decido en qué orilla
vivo
-si en la que relleno
o en la que deseo,
porque soy
obcecado y enfermo de tristeza y cariño-
dejo las herramientas de hacer puentes
y te mando a la mierda,
a ti y a tus ganas de cruzar.
¿Quieres?
Cómprate un puto barco
y a ver qué haces cuando te enfrentes
a la corriente.
Nunca habrás llegado
tan lejos.
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